12 de enero de 2012

Crónicas de Jerusalén, de Guy Delisle


A nadie le gustan las novelas. O los libros. A todos nos gusta tal o cual autor. Tal o cual libro. Pasa igual con los géneros. Te puede gustar la literatura policiaca en general, porque te gusten los temas que suelen tratar. Pero existirá mucha literatura policía a la que ni te acercarías por miedo a que fuera ella quien te destripara a ti.

A mí me pasa lo mismo con el cómic. No es que me guste, en términos generales. Es que existen unos autores que sí me gustan lo que cuentan y cómo lo cuentan. Un estilo determinado de cómic. Me pasa con Jason y también con Eisner. Pero sobretodo me pasa con Guy Delisle

Si me acerqué a Pyonyang más por la curiosidad del lugar que por la aventura de la novela gráfica fue sencillamente porque no sabía quién era Guy Delisle. Una vez conocido ya me daba lo mismo qué o dónde lo contara, porque tenía seguro que me lo iba a pasar bien.

Leído Pyonyang, leído Crónicas Birmanas –a la que volveremos algún día para reseñarla- y pendientes de leer Shenzhen, la aparición de un volumen bastante amplio sobre Jerusalén trajo nuestra atención desde el principio.

Las claves de este nuevo trabajo de Delisle son claras. En las tres obras suya que me he leído tiene la costumbre de no adoctrinar ni interpretar según sus propios criterios. Todas las situaciones a las que hace referencia son explicadas bajo el mismo prima de la ingenuidad y la inocencia –en el buen sentido-, incluido aquellas en las que él deja de ser la excusa para contar la historia para pasar a ser el protagonista de la misma. El resultado es una sucesión de continuas anécdotas que en conjunto dan una visión global de la situación, con diferentes puntos de vista y un gran y desacomplejado sentido del humor.

Delisle vivió durante un año en Jerusalén sin hacer nada. Su mujer, empleada de Médicos Sin Fronteras, fue destinada a Palestina –en concreto se desplazaba a Gaza- y eso le situó en la ciudad santa con la única responsabilidad de atender a sus dos hijas. El resto del tiempo lo podía dedicar a trabajar en una nueva obra o a pasear por la ciudad. Y escogió esto último.

La visión de Delisle sobre Jerusalén es la de una ciudad ahogada por sus propios conflictos. Los religiosos y los políticos. En relación al religioso, Delisle explica la curiosa correspondencia entre las tres religiones y sus diferentes sectas –si bien no hace distinción ninguna entre la población musulmana. Pero es en relación al conflicto político en el que Crónicas de Jerusalén destaca por encima de todo.

Delisle no escribe desde un posicionamiento único. Es evidente que refleja una situación de presión y colonización de la población y territorio palestino por parte de diversas fuerzas israelíes. ¿Es eso posicionarse? En realidad no. Posicionarse consistiría en la defensa de un único punto de vista, justificando cualquier acto por salvaje que sea. Lo que realiza Delisle es un ejercicio de honradez narrativa que habla por sí solo, por encima de cualquier documento de denuncia.

El resultado es una muestra de la complejidad del conflicto entre dos poblaciones que viven unidas aunque separadas por multitud de barreras –sociales, religiosas y físicas. Tan pronto pueblan sus páginas los kilómetros del muro de separación, los checkpoint y la explanada de las mezquitas como judíos que creen que Jesucristo era el mesías judío que esperaban, ultraortodoxos que insultan a las mujeres disimulando que se atan un zapato o árabes que entran a comprar en los supermercados de los colonos. 

Pero el gran protagonista de esta historia es el humor. Un sentido del humor cotidiano, capaz de hacernos reír con la historia más tonta y que permite contar fácilmente historias duras y dramáticas, difíciles de digerir. El resultado es una novela gráfica genialmente dibujada y narrada por Delisle, tremendamente recomendable y altamente adictiva que, afortunadamente, podemos revivir y revisar a través del blog que el autor tuvo abierto durante su estancia en Jerusalén y que acaba, como la novela, con las mismas maletas con las que llegó, pero cargadas de un poco más de luz sobre el eterno conflicto israelo-palestino.

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